¿Has hecho de todo para alcanzar el peso que quieres, y nada te funciona?

¿Has intentado desde la dieta del atún y la piña, hasta una rutina de Instagram?

Pero la gran revelación es que tu peso también tiene que ver mucho con tu corazón
(emocionalmente hablando)

porque el estrés, la falta de sueño, la culpa o algunas relaciones –increíblemente- pueden estar afectando el número que ves en la báscula.

Y no es que las emociones te engorden o te adelgacen;

es que no te permiten moverte de donde estás, porque el cuerpo es una creación tan perfecta que no funciona por separado, todo tiene relación entre sí.

Por eso, es que así como evitamos la comida chatarra, también deberíamos elegir con qué alimentamos nuestra alma.

Y sobre todo, deberíamos prestar tanta atención en dónde ponemos nuestra energía como en dónde compramos nuestra comida.

Muchos de nuestros pacientes vienen a nosotros con la ilusión de una transformación, y la tecnología es una gran ayuda…

¡Pero la transformación, siempre siempre empieza por ti!

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